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martes, 7 de agosto de 2012

Contrastes olímpicos.

Uno de los acontecimientos de estas Olimpiadas que más me ha llamado la atención ha sido sin lugar a dudas la final de los 100 metros lisos en la que El Relámpago Bolt ha volado, para poner el récord olímpico en 9.63 segundos, dando 40 zancadas en esos cien metros, aplicando a cada zancada 400 kg de presión en tan sólo 0,03 segundos en contacto con el suelo y dejando una seña imborrable de señorío concediendo tras su victoria una entrevista a una televisión extranjera como es la nuestra y parando la misma en muestra de respeto al himno norteamericano que sonaba en honor de la campeona de los 400 metros femeninos para, posteriormente, proseguir y finalizar con un thank you very much.


Esto ha contrastado muchísimo con la imagen que ha dado "nuestra querida" Marta Domínguez . La atleta española encaraba sus últimos Juegos Olímpicos en su prueba favorita, los 3000 metros obstáculos, salía de una reciente lesión, de una maternidad y de una polémica que, aunque la maquillen de cerrada la perseguirá siempre. Como añadido quedaba la espina clavada profundamente tras la caida en los Juegos de Pekín en plena lucha por medallas.


El resultado, a pesar de llegar a la final, resultó nefasto para Marta 12ª clasificada quedando claro que sus opciones eran nulas a falta de tres vueltas para el final. Gran mérito llegar hasta aquí, con 36 años y todo lo que ha vivido y hecho vivir a sus seguidores.

El que al pasar por la zona mixta al finalizar la prueba y ni siquiera mirara a la periodista española que pretendía sacar conclusiones y sensaciones puede parecer hasta cierto punto normal, dado el duro momento de la derrota y el declive evidente, está en su perfecto derecho de no hacer declaraciones, al igual que en el aeropuerto de camino a Londres, la señora "senadora" tampoco quiso dirigirse a las cámaras cuando la reclamaban los periodistas para que nos trasmitiera su ilusión ante lo que era una prueba de la máxima competencia para ella.

Es complicado comparar a un atleta en pleno momento eufórico, tocando la cúspide de su carrera deportiva con otro que ya no lo es tanto, con la mente en la vida política y en su familia, que está ocupando una plaza que, por derecho, debería ocupar cualquier otro atleta español que no estuviera bajo la lupa de la sospecha y que apunte a cierto atisbo de proyección en este país futbolero, en eso estoy de acuerdo, pero el señorío, señora "senadora", viene de cuna, y, al igual que muchos dudamos, y seguimos dudando de usted, otros la han apoyado, y mucho, en momentos en los que todo se le venía en contra, y ahora se merecen el mayor de los respetos, como usted solicitaba cuando la acusaban de camello, y merecen que su ídolo demuestre esa integridad que se espera de todo deportista en la victoria y en la derrota.

Espero que de ahora en adelante, en la que imagino será una vida más centrada en la política, demuestre usted ese señorío que olvidó lucir en Londres.