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martes, 3 de diciembre de 2013

A la atención de Filípides.

Querido Filípides:

Tras una relación de cinco años y ocho encuentros contigo, por primera vez noto que estamos atravesando un bache, una crisis de pareja.

Sabes que acabo de finiquitar tres meses intensos de preparación para volver a verte, para sentirte, para que me asalten mil y una emociones cuando nos encontremos, cuando cruce la línea de meta. Una preparación que lleva mucho tiempo en cada sesión, que duele (he pasado acojonadete un mes por una fascitis que no fué para tanto), que priva de mucho tiempo de estar con lo míos y, que agota física y mentalmente.

Pues bien, no sé si se tratará de cansancio mental, de una relajación suprema tras unos intensos meses laborales combinados con el plan para verte y de que ahora disfruto de unos días de vacaciones, de una simple desmotivación, de… vete tú a saber qué, no lo sé, el caso es que a cinco días de nuestro noveno encuentro no me motiva verte, mi atención se está centrando en otros hobbies, otras actividades y mi cabeza no ocupa un solo minuto en pensar en el encuentro del próximo domingo.

Esta actitud que podría verse como buena por no sentir nervios o tensión previa a tan importante cita para mí es una señal clara de que algo falla, de que no entro en "timing", como dicen los expertos en basket, no me gusta, salgo de la situación y me intento subir en una silla, elevado, analizando lo que ocurre desde fuera, no veo chispa, sentimiento, tengo las piernas cargadas de fuerza, de resistencia, están entrenadas, la cabeza también, las tiradas largas me han aportado tanta confianza mental como fuerza en las piernas las series, cortas, largas, en cuesta, pero resulta que miro al fin de semana y lo único que me apetece es despertarme a la hora que me apetezca, junto a mi familia, y disfrutar juntos de una salida, al campo, practicando otra de mis aficiones, la fotografía y no sentir tensiones y emociones explosivas ni nada de lo que tú me aportas.

Resulta que el tiempo que le hemos robado a mi familia durante estos tres meses te lo quiero robar yo a ti el día de nuestra cita. Paradojas de la vida.

Siendo prácticos te podría decir que con actitudes como la que estoy viviendo yo ahora mismo no quiero llegar al kilómetro 36 de la carrera sin la mentalidad fuerte e inquebrantable que un maratoniano debe lucir en esos momentos, sin esa actitud, sin esa chispa, se sufre más de lo debido y no estoy por la labor.

Amo este deporte y lo respeto. El Maratón se corre durante 30 kilómetros con las piernas, 10 con la cabeza y 2 con el corazón. No llevo cabeza y no puedo faltarte al respeto en la línea de salida.

Acabo de llamar al hotel en Castellón para anular la reserva, la decisión está tomada.

Sigo corriendo, pero por el momento sin presiones, no sé si volveremos a vernos, en Mapoma o donde sea, sólo sé ahora mismo que no me apetece verte el domingo. Así de simple y así de difícil de entender.

Un abrazo.