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sábado, 2 de enero de 2016

San Silvestre Vallecana 2015. - Mi Crónica.

Si alguien podía devolverme la ilusión de correr una prueba de estas características después de tres años sin hacerlo ese sólo podía ser mi hijo David.

Desde el sorprendente momento en el que me dijo que quería correr la San Silvestre mi interés por la misma fué creciendo y llegado el día de la carrera todo lucía perfectamente preparado para disfrutarla como se merecía, incluso ya habiamos compartido dorsal en otro diez mil y en un par de leguas para que fuera probando las sensaciones del "efecto dorsal" aunque el ambiente que rodea esta fiesta está muy por encima de este efecto, si me apuráis, incluso está también muy por encima del famoso y escandalizante precio que se paga.

Todo listo para volver a correr la SSV.
La mami y el peque.
Como a David le faltaba la acreditación de tiempo para salir en un cajón un poco más rápido le tocaba salir a las 18:15 con el grupo final de carrera. Yo disponía de una pulsera de sub50 para salir en la primera oleada, a las 17:30, pero le acompañaría en el vagón de cola, iba  a tocar esquivar a mucha gente que en este grupo viene a disfrutar de una gran fiesta más que a correr. Nuestro objetivo era vivir la fiesta pero también intentar ponernos un objetivo, el sub50.

A nuestro rescate acudía Aurelio, compañero este año de más de un entrenamiento y amigo de mi compañera y futura maratoniano Naiara, el cual nos proporcionaba una pulsera sub55 para salir en el segundo cajón de la segunda oleada, a las 17:45. Desde este cajón la salida podría ser bastante más rápida y el objetivo de tiempo más accesible.

Con Mario y Luigi
Preparados para el "lío"
En el cajón, a la espera.


A las 17:45 poníamos rumbo a Vallecas y era testigo de excepción del disfrute que vivió David el último día del año arropado por 40000 almas que corrían junto a él y el numeroso público que, desde Concha Espina hasta Candilejas animaba a voz en grito sus zancadas. No voy a olvidar el kilómetro 5, en el que estábamos en 24 minutos, cuando David me preguntaba sorprendido ¿ya?... Se le estaban pasando los kilómetros volando, tocaba disfrutar de los aledaños de la estación de Atocha y del largo pasillo de la Av. Ciudad de Barcelona hacia el Puente de Vallecas y la Av. de La Albufera donde el público, las batucadas y el griterío se hacían emocionantes, ensordecedores, y el chocar de manitas interminable.

Casi ya en lo alto de la Albufera Isa nos esperaba para darnos el último empujón para coronar los últimos 1200 metros de la prueba por las estrechas calles vallecanas. La meta aparecía a los 49:39 minutos de tomar la salida, un suspiro, una pasada de carrera, con mi hijo... No puedo pedir más... Bueno sí, pediré a este año que me siga permitiendo disfrutar de él con las zapatillas puestas y de tod@s l@s amig@s que vamos conociendo por el camino, sin vosotr@s seguro que todo esto no sería lo mismo.

                                                               ¡¡¡FELIZ 2016!!!