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martes, 18 de octubre de 2011

Sin meterse sustancias.

El otro día recibía un correo de Jose hablándome de este "maratoniano" tramposillo y poco después me documentaba algo más con un apunte en la web del "Carnet Corredor".

Este hombre, se toma un bus y se sube al tercer escalón de un podio con toda su jeta, os dejo aquí la noticia que no tiene desperdicio.

Ni el comodín de la furgoneta


Por Alberto Montenegro





La noticia curiosa de la semana relacionada con el mundo del atletismo popular nos lleva hasta la ciudad británica de Kielder, situada cerca de Newscastle. Su protagonista, Rob Sloan, es un exmecánico militar de tan sólo 31 años que ha pasado de héroe a villano en unos instantes tras finalizar en tercera posición en la maratón de la ciudad, en la que finalizó con una marca de 2:51.21, con la que mejoraba en más de 21 minutos el que hasta entonces era su mejor registro personal.


En la señal de la milla número 20, a falta de tan sólo 10 km para el final de una carrera pasada por agua, muchos de los participantes hubiesen tomado una escapatoria fácil, pero sólo uno de ellos cayó en la tentación. Sloan tomó un autobús puesto por la organización para que los espectadores puedan seguir la carrera que le permitió avanzar seis millas hasta los metros precedentes a la línea de llegada.




Nuestro antihéroe bajó del autobús y aprovechó para esconderse detrás de un árbol a que pasasen los dos primeros clasificados hacia la meta, momento en el que decidió reemprender su marcha para entrar en una impresionante tercera posición. Después de posar en las fotografías ante los medios de comunicación, Sloan se dirigió a un equipo de televisión para contarles que en la carrera lo había dado todo para conseguir la tercera plaza.

Quizá antes de ejecutar su plan no se dio cuenta de que el hasta entonces tercer clasificado de la carrera se extrañaría de haber perdido una posición misteriosamente en los últimos kilómetros, que había más de un espectador que lo había visto subirse al autobús completamente sudado y con un dorsal en su pecho, o que se había convertido en el único llegado a meta que había hecho la segunda mitad de la carrera en un tiempo inferior a la primera.

Rápidamente la verdad salió a flote y Sloan fue desposeído de su medalla, descalificado de la carrera. El cuarto atleta que cruzó la línea de meta, Steven Cairns, un policía de Edimburgo, se dio cuenta rápidamente de que algo no cuadraba. "Yo iba en tercera posición desde el inicio de la carrera, por lo que me quedé estupefacto cuando al pasar la meta el locutor dijo 'aquí llega el cuarto clasificado'".

Cains preguntó a los jueces quién había sido el tercero, y le señalaron a Sloan, que estaba siendo entrevistado por una televisión local. Una vez acabada, el cuarto clasificado se dirigió al impostor para preguntarle que cuándo le había adelantado, a lo que le respondió que pasada la milla número 15, “algo imposible porque en ese punto había abierto una distancia de cinco minutos”, afirmó un Cains que veía como después de la carrera un tramposo le había "robado mi lugar en el podio, mi entrevista televisiva y mi medalla de tercer clasificado".

Esta historia, además, tiene un precedente histórico en unos Juegos Olímpicos, los de la maratón de Sant Louis 1904. En esa prueba, el norteamericano Fred Lorz fue desposeído de la medalla de oro cuando descubrieron que había recorrido un total de 11 kilómetros en un coche. Curiosamente, al año siguiente consiguió la victoria en la Maratón de Boston.