Seguidores

domingo, 21 de marzo de 2010

Media Maraton de Segovia

Llegó el gran día, una nueva carrera llegaba a mi calendario y no era una carrera cualquiera, aparte de los motivos citados a principios de semana, ésta será seguramente la piedra de toque definitiva de cara a Mapoma, lo que suponía un despliegue comedido pero al mismo tiempo un examen exigente de cuestas para revisar las reacciones y sensaciones de mis piernas.

Las 6 y media de la mañana era la hora fijada para levantarse y ultimar los último preparativos antes de salir a Segovia.
Hoy el viaje venía animado porque venía mi mujer, mi hijo y mi hermana que no se quería perder el evento en una ciudad a la que le tiene un cariño especial.
A las 8:45 haciamos llegada aparcando muy cerca del kilómetro 12 de carrera, situado en la avenida del Conde de Sepúlveda, una vez alli bajamos andando a la zona de meta donde nos esperaba la organizacion con el chip que haría compañía a mis zapatillas, el dorsal y una generosa bolsa del corredor que ni soñerían muchas organizaciones de carreras en Madrid, pero en fin, eso es otra entrada aparte.
Tras un cafetito con la familia en la cafetería de la estacion de autobuses me dispuse a "disfrazarme", de gladiador del asfalto y comenzar a dar las primeras zancadas por tierras segovianas.

A las 10:29 (por mi reloj) no se daba el pistoletazo de salida, que va, se despachaban con un cañonazo de la escuela de artillería que debió despertar incluso a un chavalin que, no muy lejos de lo que sería despues la recta final de carrera se encontraba durmiendo plácidamente hecho un trece, víctima de los excesos de la noche.

Poco antes de completar el primer kilómetro, el perfil comenzaba a alzarse hasta el kilómetro 3, viendo poco antes de llegar a este punto, como los líderes de carrera se encontraban ya galopando en el otro extremo de la horquilla alcanzando el kilómetro 4.
Viendo que mis posibilidades de ganar la carrera se esfumaban jajaja (es broma, claro) comenzaba el descenso en picado de camino de nuevo al casco urbano de la ciudad reservando muy mucho para lo que se avecinaba y sobre todo para las articulaciones, que luego me envían recuerdos a mis seres queridos.
Llegados de nuevo al centro de Segovia, encarabamos otra subida que nos acompañaría desde el kilómetro 7 hasta poco antes del 10, mas o menos, y en la que volví a encontrarme con mi "club" de fans familiar, cámaras en ristre intentando cazar alguna instantanea de esas como las que le hace la prensa a las macro estrellas balonpédicas.
El ambiente por lo demas, simplemente, espectacular, era tocar un poco el centro y aparecer cientos de personas animando como si se tratara de la misma puerta del sol madrileña al paso de Mapoma o de vallecas en la Sansil.
El kilómetro 11 daba paso al tramo a mi gusto, mas duro de la carrera, hasta el kilómetro 14, la subida en este punto se hacía cada vez mas frenética y ahí es donde se ponía realmente a prueba todo lo entrenado en estos meses, prueba superada.
A partir del 14,5 hasta el 17 una sucesion de sube bajas hacían de ante sala a una vertiginosa bajada hasta el kilómetro 21 espoleados por los vecinos segovianos, que con sus gritos de ánimo, charangas, bocinas y pitos nos catapultaban sin remedio a la línea de meta haciendote sentir al cruzarla, una especial sensacion de felicidad, de deber cumplido y de gratitud ante tan espectacular recibimiento a los participantes.

Al final a un ritmo medio de 4:51/km, completaba la carrera en 1:42:28, con muy buenas sensaciones y deseando pasar el día de descanso para seguir preparando el mes restante al 25-A.

Despues, la esperada comida con ese menú espectacular compuesto por judiones, cochinillo y una tarta de yema que quitaba el sentido, buenísimo todo y aderezado con muy buena compañía, a los anteriormente mencionados se unieron posteriormente mis cuñados y mi sobrino para completar una preciosa carrera en un marco incomparable y rodeado de mis seres queridos.

Gracias Segovia.